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    2019-06-11


    La profesionalización del poeta como un perfil creador La oferta sin precedentes que se ha experimentado en el terreno poético luego de varias iniciativas editoriales públicas y privadas en los años 1980-2010 (por ejemplo, Gabriel Bernal Granados o León Plascencia Ñol: 235) ha generado una bonanza editorial donde, para destacar, no basta llegar al santo grial del libro, porque se llega por varias vías. Para los autores que publican su primer libro en la década de 2000-2010, el poeta ya no atrae la atención por ser un “buen poeta” csf1r secas y por tener un buen libro publicado, sino que parece obligado a presentar propuestas originales todo el tiempo que le permitan descollar en un mercado editorial congestionado. En un terreno con esta oferta, las oportunidades deben administrarse. Lo primero que aprendimos como país durante la presidencia de Echeverría fue que el ejercicio de generosos fondos públicos para la cultura (como compensación a la represión de los movimientos del 68 y del 71) traía tras de sí una intensa burocratización (Zaid 2013: 22-30); una intensa burocratización es lo que esta generación ha recibido como herencia después de muchos tanteos. El poeta-becario, una figura de nuestra modernidad mexicana, pasa de ser un artista marginal a ser un creador en un proceso de profesionalización donde ya no solo necesita ser buen poeta, porque se le piden muchas otras credenciales: libros publicados, publicaciones en revistas prestigiosas y en antologías, premios, entrevistas, congresos para entrar en comunicación con profesionales de otras latitudes, lecturas públicas, trabajo social (en forma de talleres itinerantes), etcétera. La concepción del poeta como poeta-becario o poeta en proceso de profesionalización no me parece común ni explícita en las discusiones sobre la poesía más reciente; quizá resulte un poco incómoda y de mal gusto, en un espacio de creación subordinado al que, como apunta Rodolfo Mata, es uno de los principales vicios de la poesía mexicana, esa “concepción engolada del lugar del poeta y el valor de la poesía, que tiene que ver con el espíritu solemne tan arraigado en el país” (2006: s/p). Pese a principle of segregation ello, me parece importante exponer esta circunstancia nodal y discutirla, porque muchos de los rasgos de la producción del periodo pueden entresacarse de esta forma de escribir poesía (quizá el rasgo sociológico más distintivo con las promociones anteriores). El tema se volvió relevante desde que Rogelio csf1r Guedea y Jair Cortés llamaron la atención sobre él en A contraluz: poéticas y reflexiones de la poesía mexicana reciente (especialmente en los textos de Julián Herbert y Mario Bojórquez, centrados no tanto en una “poética personal”, sino en un estado de la cuestión sobre la escritura de poesía en México), aunque opino que con sustancial atención a los daños. Quizá los aspectos más importantes de todo este panorama sean los que interfieren de manera directa con el producto poético; como escribe Rodolfo Mata, cuando “los premios y las becas distorsionan la producción poética, pues fomentan una preparación no para la poesía, sino para aparecer en los periódicos, los festivales, las antologías” (2006: s/p). Pese al interés y oportunidad de estas reflexiones, no creo que el proceso de institucionalización desemboque siempre en consecuencias negativas ni tampoco que el hablar de un poeta profesional sea un tratamiento humillante que lo rebaja a burócrata de las letras (o, peor aún, al “poeta esclavo de las relaciones culturales” expuesto por Mario Bojórquez: 212): el concepto describe, simple y llanamente, una realidad social cuyas consecuencias resultan relevantes, en última instancia, dentro de la propia creación poética. Si despojamos esta situación de su capital simbólico, el matiz negativo por los juicios de valor se reduce: la poesía mexicana más reciente se escribe en el marco de una organización burocrática (estructura organizativa impersonal regulada de manera explícita por medio de la división jerarquizada de funciones especializadas). Si no estudiamos cómo se comportan los productos apoyados por el Estado y la iniciativa privada, al final nos quedaremos en la superficialidad de los juicios apresurados o los simples pre-juicios.